Estimada Athena:
Les escribimos para someter a su atención una situación que afecta a la protección concreta de los animales de compañía, a la relación entre ciudadanos y administración pública, y al vacío aplicativo que puede generarse cuando una ley regional afirma principios importantes, pero no ofrece criterios técnicos claros para aplicarlos en la vida real.
Nuestra situación se ha desarrollado en un municipio de la región del Véneto y afecta a cuatro gatos de compañía rescatados de la calle, que viven con nosotros en una vivienda privada con jardín. No se trata de una cría, de un refugio para gatos, de una colonia felina ni de una actividad organizada: se trata de animales familiares, cuidados diariamente y mantenidos a nuestro cargo.
En el contexto habitativo anterior, nuestros gatos podían disfrutar de todo el jardín con seguridad, gracias a un cerramiento perimetral adecuado y a sistemas antifuga. De este modo, los animales podían moverse, tomar aire, recibir estímulos ambientales y vivir el exterior sin alejarse de la propiedad, mientras también la familia podía seguir utilizando el jardín como espacio ordinario de vida y esparcimiento.
Al trasladarnos a esta región, intentamos desde el principio actuar de forma transparente. Primero intentamos dialogar con los colindantes; después nos dirigimos varias veces al Ayuntamiento, tanto al alcalde como a la Oficina de Edificación, para entender qué solución era lícita y practicable para permitir que los gatos salieran con seguridad, sin fugas y sin riesgos para terceros.
El punto es sencillo: la L.R. Véneto 60/1993, hoy integrada por el art. 16-bis, impone a quienes conviven con animales de compañía obligaciones de bienestar, custodia, ejercicio físico, prevención de la fuga, protección de terceros y adecuación de los espacios. Pero si el ciudadano solicita realizar un espacio exterior protegido, un catio, una valla de jardin antifuga o una solución ligera y desmontable, ¿qué criterios debe seguir? Continuar leyendo «Gatos de compañía, catio y cerramientos perimetrales: cuando respetar la ley sobre bienestar animal se convierte en un problema urbanístico»


